BREVE HISTORIA DE LA COMPAÑIA DE JESUS

En 1521 uno de los hijos de los señores de Loyola, defensor del Castillo de Pamplona contra los ataques de las tropas francesas, cayó herido de una bala de cañón.imag7.jpg (12476 bytes)

 

Este hecho tuvo una importancia extraordinaria al determinar la conversión del herido y posteriormente la formación de una nueva milicia: la Compañía de Jesús.

 

Ignacio de Loyola, el herido, fue su fundador y su historia está íntimamente ligada a la vida de la Compañía.

 

Nació en 1491. Convertido a Dios mientras convalecía de sus heridas, su primer ideal fue de austera penitencia y humildad; ideal que comenzó a practicar con disciplinado fervor en la ciudad de Manresa, donde se encuentra el primer germen de la Compañía.

 

"Pedía limosna cada día; no comía carne, ni bebía vino aunque se lo diesen."

Celoso por lograr la salvación de las almas y por obtener su conquista espiritual, comienza a buscar adeptos.

 

Su primer compañero fue Pedro Fabro, nacido en 1506. Alma cándida y piadosa, poseía una alta filosofía espiritual, siendo inmediatamente reconocido por sus méritos.

 

El segundo de sus compañeros fue Francisco Javier. En un principio se manifestó reacio a las insinuaciones del santo, pero posteriormente ganado por éste, se transformó en uno de los más grandes santos de la iglesia, llegando a ser el príncipe de los misioneros.

 

Se unieron también a San Ignacio, Diego Laínez y Alfonso Salmerón, dos jóvenes españoles de gran talento, Simón Rodríguez, que era portugués y Nicolás Alfonso apodado Bobadilla, nombre del lugar donde naciera.vidloylo.jpg (11529 bytes)

 

Todos estaban resueltos a ir   como lo hiciera Ignacio a Jerusalén, ignacio a tierra S.gif (199050 bytes)donde iniciarían una santa cruzada por la conquista espiritual de las almas y si allí no era posible, donde lo indicara el Romano Pontífice.

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A este grupo se unieron en 1536, Claudio Jayo, saboyano; Juan Coduri, provenzal; y el francés Pascasio Broet.

 

Estos diez fueron el primer núcleo de la futura Compañía Y estos  hombres cambiaron al mundo. El propósito inicial de ese puñado de recién ordenados sacerdotes, amigos en la fe, era solamente llegar a Jerusalén. La situación política de Europa no se los permitió. Ellos interpretaron ese impedimento como señal divina, y se dirigieron hacia Roma a fin de ponerse a la disposición del Papa Paulo IIIVATICAN_CITY-CLEAR.gif (8856 bytes). Una vez allí, el pontífice los recibe, intrigado. Casi todo aquel que solicitaba una entrevista con el Santo Padre iba a pedir algún favor, alguna prebenda, algún beneficio concreto. Aquellos diez maestros de la Universidad de París iban a ofrecer su vida y su vocación para mayor provecho de las almas y propagación de la fe.

De aquella reunión nació la Compañía de Jesús. Nació internacional y nació dispersa: nueve de los fundadores se lanzan por el mundo a cumplir los encargos papales. Paulo III había realizado algo insólito: aprobar la fundación de un instituto religioso compuesto por menos hombres que meses tiene el año. Solamente les impone una condición: el redactar una serie de Constituciones que regulen el funcionamiento de la orden. Debido a la dispersión inicial, Ignacio de Loyola, primer Prepósito General, se da a la tarea de elaborarlas.zzIgnacioEscribe.gif (43152 bytes)

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Nació ésta en un momento decisivo para la humanidad. Grandes acontecimientos se destacan en este período que conmueven la vida de los pueblos.

 

Termina una época se inicia una nueva era. En 1492, Cristóbal Colón, navegante atrevido y audaz se lanza a la conquista de tierras ignoradas y descubre un nuevo mundo que está destinado al gran imperio español.TR00603_.WMF (24622 bytes)

 

Seis años después, en 1498, llegaba también a las Indias un navegante portugués, Vasco de Gama y ambos países rivalizan en la conquista de las nuevas tierras.

 

Unidos en 1496 los reinos de Castilla y Aragón con el enlace de Isabel, la reina prudente, y Fernando, hábil político, se agigantó el brillante porvenir del reino ibérico, aumentando su autoridad y su fuerza.

 

Pero en medio de estos descubrimientos que acrecentaban el poderío de las monarquías ibéricas y de la iglesia, un monje sajón, Lutero, levantó en 1517 la bandera de la rebelión, incitando a la reforma religiosa, negando la autoridad del Papa, sembrando por doquier la llama de la discordia. Esta rebelión dio origen a una lucha denodada en contra de los reformistas y en defensa de la Iglesia, que fue encabezada por Carlos V.

 

La Compañía de Jesús, se inicia por lo tanto como una poderosa auxiliar de la Iglesia Católica en la lucha contra los males de la época: Barbarie en el Nuevo Mundo. Herejía en el Viejo Mundo.

 

La Compañía se extiende por doquier, en las inmensas tierras descubiertas por Colón, y en las regiones abiertas al Viejo Mundo por Vasco de Gama. Se instala también en las naciones católicas donde se arraiga firmemente.M0pem0mg.gif (39128 bytes)

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Penetra en forma cautelosa en los países rebeldes a ambos lados de la Mancha, de los Alpes y del Mosa.

 

La Bula de 1540, dio vía jurídica a la Compañía de Jesús. Ésta debía tener como objetivo la ayuda de las almas en la vida, la enseñanza cristiana y demás ministerios espirituales, en los lugares y en las misiones que determinara el Pontífice.VATICAN_CITY-CLEAR.gif (8856 bytes)

 

En 1544, es cuando por primera vez se dio el nombre de Jesuitas a los miembros de la Compañía.

 

En una carta de San Pedro Canicio al beato Pedro Fabro, en 1545, le daba a entender que este nombre era un remoquete. "Continuamos en nuestro instituto a pesar de la envidia y detracciones de algunos que nos han dado el nombre de jesuitas."

 

Fue después que el Concilio de Trento sancionó y autorizó el nombre de jesuita, cuando éste comenzó a generalizarse entre los católicos para referirse a la Compañía de Jesús.jesuita.gif (49087 bytes)

 

También se llamó Teatinos a los miembros de la Compañía, confundiéndoles con la Orden fundada por San Cayetano conjuntamente con Juan Pedro Carafa, obispo Teatino.

 

Ambas Órdenes nacidas casi simultáneamente, eran confundidas por la semejanza en el vestido, en los ministerios, etc.

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En Italia se dejó muy pronto de llamarlos en esta forma, pero en España se los siguió denominando Teatinos durante los siglos XVI Y XVII, degenerando posteriormente en un apodo.

 

La Compañía de Jesús, tuvo desde su origen una actuación triunfal en los países cristianos. Se estableció en España, en Portugal, Bélgica, Francia, Alemania, Inglaterra.

 

Constituida en sociedad religiosa por la Bula Pontificia, debía elegirse un superior que le diera fuerza y unidad.

 

Todos los votos fueron en favor de Ignacio, "nuestro antiguo superior y verdadero padre" como decía Javier. Ignacio coronaba su obra, con la emisión de la profesión solemne de votos religiosos que se verificó en la Basílica de San Pablo.ignatius.jpg (3485 bytes)

 

La "mínima" compañía, como él solía llamarla, desarrolló desde su constitución una actividad extraordinaria.

 

Su número de adeptos crecía constantemente. Muchos de éstos eran jóvenes que no habían terminado sus estudios eclesiásticos, siendo reunidos dentro de la Orden de colegios.

 

Éstos eran en un principio casas de estudio para la formación de los jóvenes religiosos. Poco a poco se amplió este campo primitivo, hasta llegar a la apertura de escuelas eclesiásticas y auxiliares primero y luego para las letras profanas, teniendo como norte la educación cristiana de la juventud.

 

En Roma tenía la Orden dos sedes. Una llamada "de Jesús", era la casa profesa. La otra de formación literaria, el Colegio Romano.

 

En España la Compañía fue establecida por Francisco de Villanueva con la ayuda de Pedro Fabro. Posteriormente, éste, que conjuntamente con Antonio Aráoz conquistaron el aprecio de la Corte instalaron un Colegio en Valladolid. Ya se habían comenzado los de Valencia y Gandía, creándose también los de Barcelona, Zaragoza, Madrid y Salamanca.

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En España la Compañía se inició con gran éxito. En cambio en Francia y Portugal su instalación sufrió grandes obstáculos.

 

El pequeño grupo que constituía la Compañía en estos dos países debía actuar en condiciones muy difíciles. El Obispo les prohibió predicar y la facultad de Teología por medio de un decreto condenó sus actividades, originando un plebiscito en favor de la Compañía.

 

En Alemania se instaló el beato Pedro Fabro que trabajó incansablemente confortando a los católicos y sosteniendo la autoridad del Papa.

 

A Inglaterra fueron dos compañeros de San Ignacio, Broet y Salmerón con la misión de Nuncios Apostólicos. De allí se trasladaron a Irlanda y se proponían pasar a Escocia, pero fueron condenados y perseguidos, siendo llamados por el Papa.

 

Es así como la Compañía apenas iniciada su actuación, penetraba en los países del protestantismo.

 

Muerto el fundador de la Orden, fue elegido para gobernarla, el padre Diego Laínez. Sencillo y activo, dio gran impulso a la Compañía, que se desarrolló especialmente en España.

 

Contribuyó muy eficazmente a su feliz desenvolvimiento el Papa Pío IV que se declaró protector de la misma. Entre otros favores concedidos por éste, uno de los más importantes fue el de conferir grados académicos en filosofía y teología al Colegio Romano, confiando además tareas de gran importancia a los miembros de la Compañía, entre otras la de intervenir en el Concilio de Trento, honor que dispensó al Padre Laínez.

 

La actitud del Papa Pío IV aumentó el prestigio de la Compañía, acreditando la labor de su director y dando lugar a que el Concilio aprobara y continuara la Orden.

Fallecido el Padre Laínez, fue elegido Francisco de Borja para gobernarla.

 

De corazón noble y generoso, durante su dirección se amplió enormemente el campo del apostolado. América abría grandes perspectivas a los nuevos misioneros. Primero se dirigieron al Brasil, después a México y Perú.ig-p61iiY.gif (4418 bytes)

 

Muerto Francisco de Borja, fue elegido vicario de la Orden Juan Alonso de Polanco. Durante su dirección su suscitó una fuerte campaña entre los portugueses e italianos contraria a los españoles que predominaban en número y se los consideraba como demasiado severos. Consiguieron mediante esta campaña que Gregorio XIII prohibiese la designación de un nuevo español para gobernar la Compañía.

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Electo el flamenco Everado Mercuriano, engrandeció la Orden. Mercuriano concluyó el libro comenzado por Borja sobre las "Reglas de la Compañía". Constituyó misiones entre los infieles y herejes como las de Inglaterra, India, Japón y China, y entre los maronitas del Líbano.

 

Siguió a Mercuriano en la dirección de la Compañía, el padre Claudio Acquaviva que la gobernó durante treinta y cuatro años.

 

Acquaviva, espíritu juvenil y activo dio un formidable impulso a la Orden, superando infinidad de dificultades de orden interno y externo.

 

Impulsó notablemente los estudios eclesiásticos y particularmente la teología positiva. Asimismo fomentó el uso de la oración y práctica de los ejercicios espirituales.

 

Debió combatir los ataques contra la Compañía que se habían iniciado durante la dirección de Mercuriano y que ahora aumentaban.

 

La agitación comenzó en España, especialmente en las provincias de Castilla y Toledo. Se atacaba duramente la autoridad del gobernador de la Orden, que pretendían disminuir, y como no lograban que fuera español quien la dirigiera, pedían que se designara un comisario de la misma en España, con tan amplios poderes que he hecho independizaban su acción.

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Apoyados por le rey y la Inquisición, presionaron al Papa Sixto V para que reformara la Compañía en España.

 

Muerto Sixto V, fue designado Sumo Pontífice Gregorio XIV, quien apoyó calurosamente la actuación de la Orden, revocando algunas resoluciones de su antecesor, contrarias a la misma.

 

El rey de España que alentaba la campaña de los descontentos, logró que se juzgara la labor del padre Acquaviva por orden del nuevo pontífice Clemente VIII que cedió a su pedido.

 

La conducta del gobernador de la Orden fue ampliamente aprobada. Se dictó un decreto condenando severamente a los descontentos y perturbadores. La autoridad del padre Acquaviva, que fue objeto de posteriores ataques, y la de la Compañía, salieron robustecidas de este juicio.

 

Para sucederlo fue a su muerte Mucio Vitelleschi, cuya actuación fue secundada con todo cariño por los cuatro Papas que se sucedieron durante ese período, Paulo V, Gregorio XV, Urbano VIII e Inocencio X.

 

Fue durante la dirección de Vitelleschi cuando se celebró jubilosamente, el 15 de noviembre de 1639, el primer centenario de la fundación de la Compañía.

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La Orden continuará ampliando su obra. En España se abrieron dieciocho nuevos colegios, creándose otros en el Perú, México, las islas Filipinas, Nueva Granada y Paraguay.vieira11.jpg (12777 bytes)

 

Durante este período, tomó gran incremento el movimiento científico y literario.

 

El padre Vicente Carafa ocupó la dirección de la Orden después de la muerte de Vitelleschi. En 1648 durante la carestía que sufrió Roma, se dedicó a facilitar alimentos a millares de pobres, muriendo a consecuencia de la peste que sucedió a la carestía.

 

Su continuador en la jefatura de la Compañía fue Francisco Piccolomini que se dedicó especialmente a la formación de novicios y jóvenes alumnos.

 

Después de Piccolomini, fue elegido Alejandro Gottifredi, quien falleció antes de poder ocupar su cargo, siendo inmediatamente designado el padre Gosvino Nickel cuya elección contribuyó a la conversión de la reina Cristina de Suecia.

 

Debido a la avanzada edad del padre Nickel, fue designado vicario general de la Compañía el padre Pablo Oliva, pasando a ocupar la dirección de la Orden al morir aquél.

 

Se dedicó especialmente a fomentar las ciencias físicas y matemáticas y las lenguas orientales. Durante su vida aumentaron notablemente los colegios, casa profesas y misiones de la Compañía.

 

La influencia de ésta crecía y la autoridad de los jesuitas se afianzaba como resultado de la estima que se tenía por sus maestros, en las escuelas por ellos dirigidas, por sus literatos y sabios, y especialmente por sus misioneros y mártires.

 

A pesar de esto, en España la Orden sufrió las consecuencias del decaimiento general de la nación, hasta llegar a su total decadencia durante el reinado de los últimos reyes de la casa de Austria.

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En la primera mitad del siglo XVIII, volvió a renacer la Compañía en ese país.

 

El padre Carlos de Noyelle, asumió el mando de la Orden al fallecer Pablo Oliva y debió luchar como lo había hecho éste contra el espíritu de la época.

 

Tirso González de Santalla, elegido director por indicación del papa Inocencio XI, fomentó considerablemente las misiones de Ultramar, afrontando asimismo las luchas de los enemigos y rivales de la Compañía que arreciaban su campaña contra la misma.

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Sucedió al padre Tirso, Miguel Ángel Tamburini que tuvo que sufrir los violentos ataques de los jansenistas, orden religiosa que sostenía teorías contrarias a las de los jesuitas, sobre todo después de haber sido condenado su jefe Quesnel.

 

Francisco Retz, elegido posteriormente por unanimidad gobernador de los jesuitas, recomendaba a éstos para defenderse de sus enemigos, gran reserva en el hablar y serenidad al escribir.

 

Esta conducta no fue tenida en cuenta por los enemigos de la Orden, jansenistas, masones e incrédulos, que intensificaban especialmente en Francia, los ataques contra los jesuitas.

 

Bajo su dirección, fueron ampliados, de acuerdo al gusto de la época, los estudios históricos, las matemáticas y las ciencias modernas.

 

Muerto el padre Retz, ocupó su puesto Ignacio Visconti que tuvo que afrontar las más serias calumnias contra la Orden.

 

El Portugal primero, en Francia, España e Italia posteriormente, se desencadenó una intensa campaña contra ellos. Se les acusó en Portugal de promover revoluciones y de haber fundado un reino jesuítico en el Paraguay. En Francia los jansenistas y volterianos los atacaron violentamente. En España e Italia se llevaba una seria campaña para lograr su disolución.

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Este clima de violencia, de luchas y amenazas, obligó al Papa en 1773 a disolver la Compañía para lograr el restablecimiento de la paz católica.

 

A pesar de todo, ésta no fue totalmente aniquilada. En Rusia la reina Catalina y en Prusia Federico II, impidieron su supresión, viviendo en esos países con el consentimiento de Clemente XIV y Pío VI.

 

Al fallecer Visconti, lo sucedió el Padre Luis Centurione y a éste Lorenzo Ricci.

 

El primero severo, y tímido el segundo, se esforzaron ambos por defender a la Orden de los ataques que amenazaban aniquilarla.

 

Animaron a la Compañía para que no decayera su espíritu religioso y para mantenerse firmes ante el clima de rencor y de calumnias que la rodeaban.

 

El período en que gobernó el padre Ricci fue muy doloroso para la Orden. Las misiones de Portugal, del Brasil y de las Indias Orientales comenzaron a declinar, después de la decadencia de las que actuaban en Francia, España, Parma y Sicilia. A esto siguió la orden de destrucción total de las misiones, deteniéndose al padre Ricci que murió en la cárcel del castillo de Sant Angelo en noviembre de 1775.

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El cardenal Hergenroether, al narrar la supresión de la Compañía, dice: "Por la notoria laboriosidad de sus hijos, había obtenido gran difusión en todos los países católicos y una singular eficacia."

 

"Pero no le faltaban enemigos poderosos: los protestantes de todas las confesiones, los jansenistas, los miembros de los Parlamentos gobernados por ellos y los doctores de la Sorbona en Francia, los hombres de Estado adversos a los derechos del Papa, además personas doctas celosas de la fama de la Compañía, religiosos de otras órdenes, literatos, gente de mundo, librepensadores conjurados contra el presente orden del Estado y de la Iglesia."

 

"Se acusaba a los jesuitas de moral relajada, de abuso en las confesiones, de acaparar dominio y poderío temporal, de intervenir en la política, de no obedecer a los mandatos de los Papas, de despreciar a los obispos, de orgullo, de codicia y muchas otra acusaciones."

 

"Pero todas éstas fundadas en casos particulares en parte exagerados, en parte inventados y muy pocas veces verdaderos."

 

Pasada la ola revolucionaria que convulsionó a las naciones del Viejo Mundo, el papa Pío VII, resolvió "restituir en el mismo estado antiguo y en todo el orbe católico a la Compañía, fue electo el padre Luis Fortis.

 

La Orden resurge con nueva vida y toma gran impulso, desarrollándose vigorosamente bajo la dirección del P. Juan Rootham, que sucedió al Padre Luis Fortis.

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Las antiguas Misiones de ultramar se abrieron nuevamente en una nueva época de prosperidad.perspmisiones.gif (17579 bytes)

 

Después de las direcciones del Padre Beckx, durante treinta años y del P. Andrledy, surge la figura del padre Luis Martin, quien impulsó los estudios históricos a base de una seria investigación y de una severa crítica.

 

A su muerte, el Padre Francisco Javier Wernz que lo siguió en el cargo, fomentó la formación intelectual de los jesuitas, aumentando notablemente la labor de la Compañía, especialmente en España, Estados Unidos y Alemania. Pero en cambio en Portugal, eran objeto de una seria persecución, se abolía su residencia en Lisboa, sus casas eran asaltadas, y sus miembros perseguidos.

 

En 1715 correspondió dirigir los destinos de la orden al P. Wladimiro Ledochowski.

 

A través de toda esta vida azarosa, de triunfos y persecuciones, la Compañía tuvo la capacidad de ponerse de acuerdo con su época, explicándose en esta forma su éxito sorprendente. Constituyó desde sus comienzos una tendencia moderna de la iglesia, que conjugó una intransigencia absoluta con un sagaz espíritu de adaptación al mundo exterios.botonarriba.gif (718 bytes)

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