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NACER DE NUEVO

El Espíritu Santo, por el hecho de ser enviado por el Padre y el Hijo (Jn 15,26), se comunica a modo de "soplo" salvífico (Jn 3,8; 20,22), "fuego" que purifica (Lc 3,16), principio de un "nuevo nacimiento" o de una "vida nueva" (Jn 3,5; 7,37-39), "unción" o consagración para la "misión" (Lc 4,18; Jn 20,22).

El profeta Ezequiel había expresado la renovación que Dios quería hacer en la humanidad a través del Mesías, como una transformación interior realizada por el Espíritu de Dios viviente en el corazón de los hombres:

 

Os daré un corazón nuevo. Colocaré en vuestras entrañas un espíritu nuevo. Arrancaré vuestro corazón de piedra y os regalaré un corazón de carne. Pondré mi Espíritu dentro de vosotros para que actuéis según mi Ley. (Ez 36,26-27)

El significado de estas palabras se lo muestra Dios de forma visual al profeta cuando tiene una visión de una campo lleno de huesos secos: Dios infunde sobre ellos su aliento (= su Espíritu), y los huesos se incorporan llenos de vida. En los tiempos mesiánicos vendrá así la salvación de Dios:

 

Ya no les ocultaré más mi rostro, porque habré derramado mi Espíritu sobre la casa de Israel; es palabra de Dios. (Ez 39,29).

El Espíritu es presentado como el rostro amoroso del mismo Dios, que ya no permanece oculto al pueblo a causa de sus infidelidades, sino que se hace presente entre ellos en el Mesías prometido.

 

El Espíritu es presentado como el rostro amoroso del mismo Dios, que ya no permanece oculto al pueblo a causa de sus infidelidades, sino que se hace presente entre ellos en el Mesías prometido.
La donación generosa del Espíritu como agua abundante, es la manera, de dar a entender que Dios quiere ofrecer una vida nueva a nuestros corazones de piedra, y transformar el mundo reseco y estéril en tierra viva. El evangelista Juan, en un pasaje que comentaremos más adelante, hará decir a Jesús que en él se cumple la antigua promesa: El que tenga sed, que venga a mí y beba. Si alguno cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva. Y añade el evangelista: Al decir esto se refería al Espíritu que recibirían los que creyeran en él... (Jn 7,38-39)

Y en Pentecostes el Espíritu de Dios viene como un viento, cuando estaban todos reunidos, y se manifiesta como lenguas de fuego, que se reparten sobre cada uno. Todo el relato contiene una profunda carga simbólica. El Espíritu se da a cada uno de los miembros de la comunidad para construir, con ellos, como enseguida explicará Pedro, un nuevo Pueblo de Dios. El viento y el fuego simbolizan la nueva fuerza de Dios que estará presente en adelante. . El Espíritu hace comunidad desde la diversidad.
El nuevo Pueblo o Reino de Dios ha de resultar de una conversión interior, de una transformación existencial cuyo signo es el bautismo. El bautismo sella la reconciliación con Dios que vino a ofrecernos a Jesucristo, y es manifestación de la fuerza del Espíritu, como lo explica Pedro en su primer sermón de Pentecostés.-

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